Valencia ha sido la cuna del cultivo arrocero en España y su introducción se atribuye a los árabes durante el siglo VIII. Dentro de Valencia, la comarca de Sueca y las tierras próximas a la Albufera de Valencia, son las más antiguas y tradicionales.

Después de la Reconquista de Valencia en 1238, los caballeros aragoneses se repartieron las tierras pero sufrieron las consecuencias de su falta de adaptación a las zonas pantanosas y en ellos se cebó el paludismo. A partir de ese momento, y durante siglos, lucharía la difusión del cultivo frente a las leyes prohibitivas o limitaciones del mismo. Llegó a autorizarse, únicamente, en terrenos naturales pantanosos improductivos para otras cosechas.

Actualmente se considera que el cultivo del arroz con agua corriente no afecta a la salud pública, pero el establecimiento de parcelas de cultivos o cotos arroceros requiere una autorización especial del Ministerio de Agricultura Español. Estos derechos, en Valencia, se reservan a zonas bajas pantanosas donde la naturaleza del suelo o su salinidad aconsejan exclusivamente el cultivo del arroz.

Evidentemente, un cultivo tan arraigado, ha ido dejando huellas escritas desde hace varios siglos.

Los primeros testimonios escritos que evidencian la presencia del arroz en nuestras tierras aparecen tras la Reconquista, cuando se intentaba limitar su cultivo por razones sanitarias.

El rey Jaime I, protagonista en dicha etapa histórica, dejó escrito: “Hallo establecido dicho cultivo y que se estima de tan funestas consecuencias prohibiendo dicho cultivo en los contornos de la ciudad de Valencia.

Los reyes de la Corona de Aragón primero, y los de España después, jugaron el papel de ir configurando el marco de lo que sería una futura Ley de Cotos; en 1342, el rey Pere II confirma las prohibiciones que antes habían realizado los Jurados de la Ciudad de Valencia; en 1547, la prohibición vuelve a ser confirmada por Alfonso VI.

Carlos I de España publicó un Real Edicto “Sobre la prohibición de la siembra de arroz en varios lugares”, entre los que se encuentraban los pueblos valencianos de Massalfassar, Albuixech, Massamagrell, Meliana, Albalat, así como otros tradicionalmente arroceros.

La clase médica también jugó su papel en diferentes momentos, al declarar o no perjudicial el cultivo en función del método utilizado: fuera por agua estancada, o bien por agua corriente.

El botánico Josep Antonio Cabanilles, en el siglo XVII, intentó aportar soluciones defendiendo tres premisas básicas: la primera, practicar el cultivo en terrenos pantanosos por naturaleza; en segundo lugar, cultivar con agua en movimiento; y en tercer lugar, cuidar que los campos distaran mínimo media legua de los núcleos de población.

Durante el siglo XIX se produjo una clara expansión de la superficie cultivada con arroz en las tierras valencianas. Reflejo de este hecho, es la disminución de la superficie del lago de La Albufera, hoy en día Parque Natural y verdadero corazón geográfico, ecológico y núcleo histórico del arrozal valenciano, que pasó de una extensión de 13.972 hectáreas a 2.896.

En la Real Orden del 10 de mayo de 1860, quedaron declarados los acotamientos y los terrenos aptos para el cultivo, dejando clara la condición de que tenían que ser terrenos pantanosos y en los que no pudiera llevar adelante otro cultivo.

Este espíritu de reservar el cultivo del arroz únicamente a las zonas pantanosas, dónde otros cultivos no son posibles, ha perdurado hasta nuestras días. De esta forma, las tierras ocupadas por el cultivo del arroz en Valencia asciende a 16.000 hectáreas, siendo ésta la superficie que se ha mantenido estable en los últimos años. Y, dado que el cultivo se reserva únicamente para los terrenos aptos para él, dicha superficie no se verá nunca aumentada.

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